Pablo: “haz algo bueno”

Serie: Efesios en el trabajo- Parte 4

Artículo original de Jordan Raynor- traducido con permiso

El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.

Efesios 4:28 RV1960

Aunque usted no sea conocido por robar para llegar a fin de mes, este pasaje aún ofrece mucha sabiduría para nuestro trabajo. La clave está en la escogencia de la palabra “bueno” por parte de Pablo. Si la única razón para trabajar fuera generar suficientes ganancias para compartir con aquellos que padecen necesidad, entonces ¿Qué importancia tendría el que nuestro trabajo fuera útil para el mundo? Ninguna. Seríamos libres de hacer cualquier labor en tanto genere suficientes recursos financieros para servir a los pobres. Pero con una sola palabra, Pablo nos está recordando uno de los temas principales de sus cartas: que el trabajo que usted y yo hacemos hoy tiene muchos propósitos que glorifican a Dios.

Hemos estado explorando algunos de esos propósitos a lo largo de esta serie. En Efesios 1, aprendimos que nuestro trabajo es un medio para señalar el matrimonio entre el cielo y la tierra. En Efesios 2, aprendimos que nuestro trabajo es un medio para hacer “buenas obras” a favor de otros y glorificar a Dios en el proceso. En Efesios 3, aprendimos que nuestro trabajo es un medio para demostrar el “inconmensurablemente grande” poder de Dios obrando a través de nosotros.

Todos estos son propósitos para el trabajo que van más allá de compartir con los pobres. En otras palabras, una teología del trabajo existe con independencia de una teología de la caridad. Dicho esto, no podemos simplemente ignorar el hecho de que uno de los propósitos del trabajo es la caridad -“compartir con el que padece necesidad”-.

Cuando hacemos nuestro trabajo más excepcional, a menudo seremos recompensados con exceso financiero. Un uso de ese exceso que honra a Dios es compartirlo generosamente con quienes no tienen nada -un mensaje especialmente oportuno para los terribles tiempos que vivimos en materia económica. Los pobres necesitan nuestra ayuda, y la iglesia está llamada a darla. Podemos debatir en qué forma se dará esta ayuda, pero no podemos discutir el mandamiento de las Escrituras de que quienes tengan ingresos estables deben cuidar a los pobres.

No obstante, debemos ser cuidadosos. Muy a menudo caemos en la mentira de que la caridad es la única manera de “ministrar” a través de nuestro trabajo. El contexto de Efesios y el resto de la Escritura nos muestra que no es verdad. Aunque preocuparnos por los pobres es un propósito maravilloso y que glorifica a Dios, no olvidemos nunca que nuestro trabajo es “bueno” en sí mismo.

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