El evangelio: nuestra fuente de descanso y ambición

Serie: Efesios en el trabajo- Parte 2

Artículo original de Jordan Raynor- traducido con permiso

“Ciertamente la gracia de Dios los ha salvado por medio de la fe. Esta no nació de ustedes, sino que es un don de Dios; ni es resultado de las obras, para que nadie se vanaglorie. Nosotros somos hechura suya; hemos sido creados en Cristo Jesús para realizar buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que vivamos de acuerdo con ellas”.

Efesios 2: 8-10 RVC

Por buenas razones, Efesios 2:8-9 es uno de los pasajes de la Escritura más citados en la iglesia. Pero según mi experiencia, es muy raro escuchar un sermón que abarque este pasaje hasta el versículo 10. Es una lástima, porque la relación estrecha entre el verso 10 y los versos 8 y 9 no podría ser más importante para nuestro trabajo. Cuando lo leemos en su integridad, este pasaje nos muestra que el evangelio es la fuente máxima de nuestro reposo y nuestra ambición.

La primera parte del pasaje no podría haber sido más clara: nuestra posición como hijos adoptados de Dios viene “por gracia… Por medio de la fe”, y en consecuencia “no por obras”. ¡Qué gloriosa verdad! Cuando éramos sus enemigos, Cristo murió por nosotros para darnos la gracia de una salvación que nunca hubiéramos podido obtener y, por ende, jamás podemos perder.

Hace años, en un esfuerzo por ayudarles a mis hijas a comprender esta verdad, empecé a implementar una rutina nocturna que aprendí de Tim Keller: antes de apagar sus luces, les pregunto a mis niñas: “¿saben que las amo sin importar cuántas cosas buenas hagan?” Ellas asienten con la cabeza. “¿Saben que las amo sin importar cuántas cosas malas hagan?” Asienten otra vez. Entonces les pregunto: “¿saben quién más las ama así?”. Y ellas siempre responden: “Jesús”.

Usted y yo necesitamos escuchar esas mismas palabra aplicadas a nuestro trabajo: Dios nos ama a usted y a mí sin importar cuan productivos o improductivos seamos hoy. Irónicamente, esa misma verdad nos da la ambición para ser salvajemente productivos. ¿Por qué? Porque trabajar para ganar el favor de alguien es extenuante. Pero trabajar como respuesta a un favor incondicional es intoxicante. Una vez usted se da cuenta que Dios -su Padre- le acepta -en Cristo- “sin importar cuántas cosas buenas haga”, usted quiere ser productivo para su agenda como un acto de adoración.

Eso es algo bueno porque, como lo señala Pablo en el verso 10, uno de los propósitos de nuestra salvación es justamente hacer “buenas obras” (un buen trabajo) por otros. Jesús lo hizo igualmente claro en Mateo 5: 16 cuando dijo: “así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestra buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. El mero propósito de nuestras vidas -la razón por la cual fuimos creados y salvados- fue hacer “buenas obras” que hagan avanzar el reino de Dios y le den gloria.

No hacemos estas buenas obras para ganar su favor. Ambicionamos hacerlas porque su favor nos ha sido asegurado por gracia, llevándonos a trabajar según su agenda como un acto de amorosa adoración. ¡Adorémosle haciendo un buen, un excelente trabajo a favor de otros hoy!

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