¿Son los cristianos realmente inmunes al COVID-19?

Por Harold Cortés

“Porque has puesto a Jehová, que es mi esperanza, Al Altísimo por tu habitación, No te sobrevendrá mal, Ni plaga tocará tu morada. Pues a sus ángeles mandará acerca de ti, Que te guarden en todos tus caminos”, Salmos 91. 9-11.

Pongo este Salmo sobre la mesa para debatir un asunto que me parece delicado entre los cristianos. Me refiero a las interpretaciones bíblicas que se les da a ciertos pasajes, con los cuales muchos creyentes consideran que son “inmunes” a las enfermedades, el pecado o las catástrofes, por el hecho de ser “hijos de Dios”.

En tiempos de coronavirus (COVID-19), he conocido personas que, basadas en esta creencia, no cumplen con las medidas de prevención como: no salir de casa si no es necesario, no saludar de beso o de mano a otras personas, o incluso evitar tomar el aislamiento laboral o educativo como vacaciones, y todo esto por el argumento de que sobre los cristianos “no sobrevendrá mal ni peste tocará su morada”.

Lo cierto es que esta concepción teológica desconoce el propósito de Dios en este tipo de acontecimientos de talla mundial.

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Dios nunca dice, en ningún pasaje bíblico, que quienes sean cristianos jamás tendrán enfermedad. Al contrario, en muchos pasajes se ve cómo Dios permite males para lograr sus propósitos divinos, como por ejemplo hacer volver el corazón de una nación o fortalecer la fe de su pueblo. (Vea Job 2:1-7; 2 Corintios 12.1-10).

Jesús mencionó que en estos tiempos “se levantará nación contra nación, y reino contra reino; y habrá pestes, y hambres, y terremotos en diferentes lugares” (Mt. 24.7), y añade: “oiréis de guerras y rumores de guerras; mirad que no os turbéis, porque es necesario que todo esto acontezca; pero aún no es el fin” (vs. 6). Mas adelante asegura que, “si aquellos días no fueran acortados, nadie se salvaría; pero por causa de los escogidos, aquellos días serán acortados” (vs. 22).

Sí, las enfermedades, las guerras y las catástrofes son parte del curso de la humanidad. Así lo dispuso Dios, y no por su propia voluntad, sino a causa de la maldad del hombre. Pero la buena noticia es que esto nos conduce a un mayor conocimiento de la gloria y santidad de Dios.

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Entonces, ¿deberíamos sentirnos desesperanzados y abatidos? Para nada. Tenemos confianza en que, en medio de las dificultades, se perfecciona nuestra fe. “Porque la fe de ustedes es como el oro”, afirmó Pedro. “Su calidad debe ser probada por medio del fuego. La fe que resiste la prueba vale mucho más que el oro, el cual se puede destruir. De manera que la fe de ustedes, al ser así probada, merecerá aprobación, gloria y honor cuando Jesucristo aparezca” (1 Pedro 1.7 DHH).

La pregunta que realmente vale la pena responder es: ¿por qué dice la Biblia que ninguna peste tocará nuestra morada? Y si esta promesa puede tomarse literalmente.

Si bien es cierto que Dios es poderoso para proteger a su pueblo de la muerte, como ocurrió durante las plagas de Egipto, también es cierto que Satanás aprovecha la ocasión para tentarnos, como lo hizo con Jesús en el desierto, utilizando ese mismo pasaje. El hecho de que el salmista asegure que Dios nos protegerá “con sus alas” y que si caemos “mandará a sus ángeles para que guarden nuestro camino”, no nos da la libertad de llevar a cabo actividades que atenten contra nuestra integridad, salud o bienestar espiritual. De hecho, ya sabemos lo que Jesús le respondió a Satanás en esa ocasión: “No tentaréis al Señor vuestro Dios, como le tentasteis”, (Deuteronomio 6.16).

De allí que un cristiano maduro verá esta época de enfermedad como una ocasión para aferrarse más a Dios y reconocer su soberanía en medio de las dificultades. Además, verá en este tiempo la oportunidad para expandir el reino de Dios predicando las “buenas noticias” del evangelio, pues hay una enfermedad más mortal llamada pecado. Por último, esta pandemia global nos invita a obedecer a nuestras autoridades, que han sido puestas por Dios, para proteger nuestra salud.

Como afirmó Salomón: “Escucha el consejo y acepta la corrección, para que seas sabio el resto de tus días”, Proverbios 19.20.

Dios bendiga a Colombia.

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